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ALIENTO DE ÁCAROS

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La escena iberoamericana

Argentina. Libros con traje de fantasía

Los Delincuentes y Balbuceando Teatro estrenan “Aliento de Ácaros” en La Cochera.
Los festejos por los 25 años de La Cochera desataron una seguidilla de estrenos en los que participará gran parte de la población cocheril (40 actores). El sábado, Paco Giménez estrena Aliento de Ácaros (sugestión colectiva), creación conjunta del grupo Los Delincuentes y Balbuceando Teatro.

El efecto de cruce de grupos, proyectos y búsquedas teatrales se traslada a este espectáculo sobre libros, lecturas y sujetos que leen en busca de algo.

Una mesa grande, ubicada muy cerca del público en la remodelada sala de la calle Fructuoso Rivera, es el punto de partida de la obra.
Las actrices de Balbuceando Teatro fueron a La Cochera tres años atrás para llevar adelante el entrenamiento con Los Delincuentes. Cuenta Alejandra Toledo que ellas llevaron algunos ejercicios de lectura y Paco tomó los libros como el eje de la investigación.

Paco señala que el espectáculo es patrimonio del grupo. “Las actrices de Balbuceando son muy lectoras. Se me ocurrió un trabajo sobre los libros, como si se tratara de un banquete. Hay libros rotos;representantes de la literatura argentina; el cambio de soporte al e-book. Hubo todo un proceso para incluir textos. Aliento de ácaros es una alegoría”, dice Giménez. En la selección de textos participó Bati Diebel, en tanto Galia Kohan es uno de los personajes “mágicos”, junto a Estrella Rohrstock. Las Delincuentes comparten la mesa con Alejandra Toledo y Florencia Cisnero. En tanto Giovanni Quiroga, ha planteado el diseño visual de la obra.

El director llevó a los ensayos El banquete de Severo Arcángelo de Leopoldo Marechal, apareció el Martín Fierro, algunas aguafuertes de Arlt, Borges, y entonces se puso en marcha lo que Toledo cita como “máquina deseante”.

“En la mesa se anuncian conferencias, banquetes. En torno a ella aparecen las mujeres, una diversidad de experiencias y saberes actorales”, señala Toledo. Ella y Florencia son como dice Marechal, “mujeres de la vida ordinaria”.

“Se desatan búsquedas. Discutimos y hablamos mucho sobre qué es la lectura, para qué leemos; qué buscamos en la lectura; si hay una Patria, qué Patria; si vamos al teatro a ver cómo cae el mito de la Patria”, comenta Toledo. Ellas sostenían en esas charlas que hay una Patria inexistente y que van al teatro a buscarla, frente a tanta fragmentación y caos.

“Paco habló de rapsodia, que es una pieza musical formada con trozos de otras, con aires populares. Eso somos. De alguna manera, ayudamos a fundar otra realidad a través de la literatura”, explica Alejandra.

Sábado, domingo y lunes a las 21.30 en La Cochera (Fructuoso Rivera 541).

• Beatriz Molinari | La Voz del Interior | 2010-06-17



Con el mejor papel

La obra teatral "Aliento de ácaros" funciona como una conferencia de múltiples estímulos. 



Aliento de Ácaros

 

“La lectura es como el amor, una herida absurda”. Con barbijos y actitud diligente, dos mujeres manipulan libros vetustos. Hay que cuidarlos de los ácaros. La escena de laboratorio es la puerta por la que entra el texto de Aliento de ácaros , obra que logra el vínculo gramatical entre Los Delincuentes y Balbuceando Teatro. El tema no podría ser más actual. ¿Hasta cuándo habrá libros? ¿Cómo preservarlos de la muerte a la que está condenado el papel, soporte frágil, jaqueado por el tiempo y las nuevas tecnologías?

La obra funciona como una conferencia de múltiples estímulos. Galia Kohan, Estrella Rohrstock, Alejandra Toledo y Florencia Cisnero generan un lenguaje disparado a lo visual y sonoro que introduce y pone en imágenes los textos del grupo y fragmentos de El banquete de Severo Arcángelo de Leopoldo Marechal.

La atmósfera va cobrando la fuerza del autor, al tiempo que se impone el ritmo y la impronta de Los Delincuentes. Con un vestuario sorprendente, lleno de detalles y sutilezas, las mujeres presentan las cuestiones que forman parte del universo libresco, cascarón de la experiencia indescriptible llamada literatura/lectura. En esa mesa, muy cerca del público, se ofrece el banquete, se habla, se supone, se diserta. Parafraseando a Galia Kohan, hay que afilar la dentadura para hincarle el diente a la cáscara del símbolo.

Los conceptos que suenan complejos y elevados encuentran la forma escénica adecuada para que el símbolo fluya. Aliento de ácaros equilibra los claroscuros conceptuales abriendo el tema, con el respaldo de una puesta alejada de cualquier dogmatismo.

Galia Kohan y Estrella Rohrstock resuelven los dilemas a golpes de teatro y humor. En el cruce de lo académico y la parodia, las actrices proyectan las percepciones lectoras inmersas en un universo vasto e inabarcable. Como si se movieran en otro plano de realidad, Alejandra Toledo y Florencia Cisnero intentan cierta asepsia pero el conjunto camina deliciosa y deliberadamente hacia el descalabro general. De la platea llega el cuestionamiento a tanto papel, por boca de Belén Salerno, con su alegato a favor del e-book . También Fernando Belzagui suma estímulos interpelando la unidad indivisible de libro y lectura. La performance de estos personajes fellinescos, en la bisagra de los siglos y el devenir de la palabra, encuentra su propia música: una versión extraordinaria de Aurora, con ritmo popular para el bailable.



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El sentido del papel

“Aliento de ácaros” se presenta los sábados y domingos en La Cochera.



Por Juliana Rodríguez 24/06/2010 18:50

¿Qué sentido tiene hoy el papel? ¿Qué papel juega el sentido? El anverso y reverso de ambas preguntas surge en Aliento de ácaros, el segundo de los estrenos con los que La Cochera está celebrando sus 25 años. La inquietud va dirigida a los libros, a los océanos de papel de las bibliotecas, a la tinta impresa.

En épocas de experiencia virtuales e inmediatas, la obra que dirige Paco Giménez no intenta un homenaje al libro dando por sentado su entidad intelectual, sino que lo interpela: ¿Hay verdad en ellos? ¿Para qué sirve un ladrillo de hojas?

En plena discusión sobre el estado del Archivo Histórico de la Provincia de Córdoba, la primera escena resulta oportuna. En la oficina de un archivo, plagada de cajas de cartón con documentos, dos mujeres (Alejandra Toledo y Florencia Cisnero, de Balbuceando) recuperan libros antiguos con precisión quirúrgica. Como enfermeras del documento, se preguntan qué es leer, qué es la lectura. Y la teoría de la intertextualidad se hace carne en sus voces, en sus citas a autores y obras, desde Martín Fierro a Teresa Andruetto.

Pero nada de convertir el texto en un documento sagrado, ni a la biblioteca en un templo solemne. El orden de la escena se camotiza con el ingreso de Galia Kohan y Estrella Rohstock (Los Delincuentes), que como brujas desquiciadas revuelven todo y añaden más preguntas. ¿Se puede investigar el deseo en la lectura, como lo hace Roland Barthes, o sólo se experimenta ese placer al hundir nariz e imaginación en las páginas?

El poder de las letras
Así, la obra va cuestionando y hurgando en el poder de las letras y el rol del significado y, sobre todo, en el vínculo físico entre lector y libro. En el escenario, el cartón y el papel rodean a los personajes y los libros que al principio son tratados con tacto de cirujano, luego vuelan por los aires, caen, estallan contra las paredes. Los libros se leen, se devoran, se palpan, se doblan, se pisan, se tragan, se rayan.

Fernando Belzagui irrumpe para dar cuerpo y voz a los textos, recuperando el rol del recitador, del orador, entre citas de El banquete de Severo Arcángelo, de Leopoldo Marechal. Así, de a poco, en la escena el orden del archivo muta al caos, y el vínculo físico de los libros con el lector se indaga desde diálogos como palimpsestos, el trabajo con la música y las canciones, y recursos audiovisuales que se imprimen sobre los cuerpos.

Hay algunas costuras gruesas que alteran la dinámica y algunos subrayados demasiado literales sobre las diferencias de la tinta y la tecnología del E-book.

Aún así, en Aliento de ácaros hay muchas ideas, muchas preguntas, un acercamiento a la lectura con humor, ternura, y apasionamiento.

Más que una oda inmaculada al libro como objeto sacro, hay un rescate del placer de la experiencia sensible y múltiples inquietudes sobre el rol de los textos en la historia personal, la del país, la del saber o, incluso, de la ignorancia.



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Sábado 18 de septiembre de 2010

ALIENTO DE ÁCAROS

Elenco Galia Kohan, Estrella Rohstock, Alejandra Toledo y Florencia Cisnero. Invitados Fernando Belzagui y Belén Salerno. Asesoría dramatútgica Bati Diebel; Ambientación Giovanni Quiroga; Violín Leo Tangenti; Diapositivas Alejandro Reynaga; Vestuario Paulina Baró y Edgar Tula; Direcciòn Paco Giménez; Coproducción La Cochera y Balbuceandoteatro; Lugar Teatro La Cochera, viernes de agosto y septiembre.

La sala, despojada de elementos salvo un escritorio largo con cuatro veladores y unas cuantas cajas, con libros, apiladas. Y sabemos que son libros pues tienen rótulos que indican "literatura inglesa", "literatura peruana", "literatura....". Y cuando los espectadores terminamos de acomodarnos, se abre una puerta doble al fondo de la escena por la que ingresan dos personajes extravagantes. Van al escritorio y ocupan, cada una, un extremo. Y empieza la acción propiamente dicha. Una, a nuestra izquierda, sacude libros viejos que despiden polvillos y, lógicamente, diminutos ácaros. La otra, a nuestra derecha, con barbijo y cofia de cirujano limpia y acomoda elementos de cirugía mientras, entre otras cosas, nos informa que su tarea es casi una alquimia, rescatar los libros del olvido, de la destrucciòn, de la desaparición.
Aliento de ácaros es un excelente ejercicio intelectual en el que se compara la existencia del libro, como objeto, con el ser humano. Hombres, mujeres y libros producimos placer,  deseo de pertenencia, posesión y conservación ("hasta que la muerte nos separe"), pero libros, hombres y mujeres vamos transitando la vida útil y, lentamente, transrformándonos en polvo, en ácaros para terminar devorados por nuestros propios ácaros y terminar siendo polvo. Y esa es una de las excelentes metáforas de este espectáculo. Y las otras dos excelencias consisten en la desacralizaciòn de la lectura y del libro como objeto de culto, como así tambièn la caterva de intelectualismos que han inundado (y siguen haciéndolo) los teóricos de la literatura. El juego irónico de palabras con que se hace referencia a Barthes, Maiakovsky, Sartre, etc, y el hilarante juego con El banquete de Severo Arcángelo de Leopoldo Marechal (atinadìsimo, por otra parte, dadas las referencias que se hacen al inicio del espectáculo cuando una de las actrices le pregunta a alguien del público por su fecha de nacimiento y éste le responde 1984), ese banquete en el que estamos todos inmersos, Sarmiento con su dicotomìa civilización y barbarie, Hernández con su Martín Fierro, Martínez Estrada con su pampa, es una excelente metáfora que, esta co-producción de La Cochera con Balbuceandoteatro, nos regala a nosotros, los espectadores.
Otro mérito enorme de este trabajo teatral es la conclusión a la que llegan los integrantes actores oficiantes: el libro y su lectura sirven en tanto nos transmiten una vivencia, en tanto nos con-mocionan. Si no, no sirven. Y a esta conclusión ha llegado este grupo de oficiantes teatrales después de haber leído, ¡y mucho!, ¡muchísimo! y de haber reflexionado ¡mucho!, ¡muchìsimo! las lecturas realizadas.
El adecuadìsimo uso de la música (Nazareno Cruz y el Lobo, de Leonardo Favio) para remitirnos a la pampa que, aún ahora nos agobia y alimenta, así como la suavidad, la intimidad y la desacralización del clásico violín (lo ejecuta un muchacho muy joven, casi un adolescente que, para la intelectualidad adulta, "es un rockero al que nada le importa, porque así son los jóvenes de hoy") y la irrupción de una jovencita promocionando el libro electrónico, son acertadísimas metáforas de que así como con la aparición de la imprenta los intelectuales protestaron porque no le veían al libro objeto la capacidad ni la calidad humana de la transmisión oral, y esta nunca murió; así como los hacedores de teatro creyeron ver la muerte del teatro con la aparición del cine y la televisión, y el teatro nunca murió, así se lamentan hoy los intelectuales que le atribuyen cualidades humanas al libro objeto (se puede leer, avanzar y volver atrás cuantas veces se desee) en desmedro de la inhumanidad del libro electrónico. Y la jovencita, crecida en pleno siglo XXI con mente práctica y económica (y destinada la conducir los destinos del mundo durante los próximos años de este siglo), nos habla de la conveniencia del libro electrónico (no ocupa lugar, es más barato y, además, un solo soporte tiene miles de textos).
Para terminar, debo aclarar que, como siempre lo hago cuando vivo un momento con-movido, agradecí a los integrantes del grupo. Y me fui feliz, ignorando en ese momento que terminaría doblemente feliz la noche porque, del Teatro La Cochera fui a DocumentA/escénicA donde gocé realmente de Mediasnoches payasas.    
 José Luis Bigi


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