Diria Nadie la Última Palabra

Estreno
La historia en cuestión se remonta a 2004, cuando el grupo Balbuceando
bajo la dirección de Rafael Reyeros convocó a dramaturgos cordobeses.
“Les pedimos textos cortos sobre la dictadura, adecuados al formato de
intervención que llevábamos a las escuelas”, comenta Alejandra Toledo.
Por entonces, la escritora María Teresa Andruetto – una de las
convocadas– pensaba en escribir algo desde la escena, incluso, ver su
novela La mujer en cuestión (2003), adaptada al teatro. Con el tiempo,
Balbuceando y Andruetto pusieron en marcha lo que Toledo llama ‘un
experimento’. El resultado es la versión de la novela que se estrena el
sábado bajo el sugestivo título Diría nadie la última palabra.
El grupo trabajó intensamente en la búsqueda de núcleos dramáticos y
eligió dos personajes: Eva (la mujer en cuestión) y el Informante (una
síntesis de las voces que el sumario registra en la novela). Enseguida
el grupo llamó a Julieta Daga (Los Solitarios) para que asumiera el rol
de directora. “Buscábamos una mujer, y que no necesariamente estuviera
atada a la vivencia de la dictadura”, dicen de Julieta, que conoció a
Andruetto y a la dramaturgista Ana Yukelson cuando era alumna de la
Escuela Provincial de Teatro Roberto Arlt.
Lo que pasa. Una Informante del EVA (Equipo de
Valuación de ADN), unidad dependiente del Ministerio de Justicia
Seguridad y Derechos Humanos expone ante la audiencia el Caso Cosido Uno
/ Segundo Cuerpo. El informe detalla el entorno inmediato y las
circunstancias de vida de una de las mujeres investigadas por el
organismo, quien consintió en declarar sobre determinados sucesos
ocurridos en tiempos de la dictadura militar argentina. Durante el
interrogatorio en la Cámara G, un verdadero laboratorio de observación,
la mujer es inducida a rememorar hechos de su pasado dando cuenta de
cierta información a la que accedió cuando estuvo detenida; de modo
imprevisible parte de esa información cobra inusitada importancia.
La directora señala que la entusiasmó la economía del texto escénico.
“Estaba resuelto en la escritura. Era lo que había que decir: no da
vueltas. Además, la obra plantea la contradicción permanente en el
personaje de Eva”, dice.
Eva es víctima y parte de ese momento. Tiene información. La
contradicción plantea interrogantes sobre el momento que eligió para
decir lo que sabía. “Pudo haberlo dicho antes, pero, ¿estaría viva?
Ahora lo dice para conseguir un beneficio. En ella están los grises de
todas las personas”, dice Daga sobre el rol que interpreta Alejandra
Toledo. En tanto, Florencia Cisnero es la Informante del organismo.
“Vemos su fragilidad, su juventud, pero por boca de ella habla el EVA.
Es un personaje frío, como una máquina. representa todo lo que está en
la novela”, señala la directora.
Los personajes tienen asignados dos espacios distintos, bien
diferenciados (“como si fueran de dos obras, con dos estéticas
diferentes”). En la novela de Andruetto la voz de Eva no aparece. En esa
distancia del texto dramático con respecto al narrativo es muy
importante la composición del sonido que diseñó José Halac. “El
espectador está adentro y afuera, según el momento, de la Cámara G”,
explican.
El grupo que viene de conocer la ‘cocina’ del Sportivo Teatral de Bartís
y de participar en entrenamientos con Pompeyo Audivert y Paco Giménez,
toma el eje de esos maestros: “El actor es la figura de mayor peso
teatral. Eso exige mucho”, comentan.
Con respecto a Diría nadie la última palabra como exponente de teatro
político, las responsables aseguran que siempre hubo en el proyecto, el
cruce entre la preocupación temática (lo político) y la clara
preocupación por la búsqueda estética. “No ha sido la denuncia lo que
nos interesó. hay un corrimiento del lugar del testimonio. La obra no
emite juicio, la pone a consideración del espectador. Eva no está
justificada ni condenada. En lo estético está fuertemente lo político.
Ahí está el salto que buscamos”, concluyen.
Para agendar
Obra: Diría nadie la última palabra. Por el grupo Balbuceando. Basada en la novela de María Teresa Andruetto La mujer en cuestión.
Dirección: Julieta Daga.
Dramaturgia: Andruetto, Florencia Cisnero, Alejandra Toledo y Ana Yukelson.
Intérpretes: Florencia Cisnero y Alejandra Toledo. Sábado y domingo a
las 21.30 en la Sala Azucena Carmona del Teatro Real. Entrada, $ 20.
Emanuel Rodríguez
De nuestra Redacción

Desde la calle, el paisaje que rodea la casa de María Teresa Andruetto en Cabana tiene el aspecto del final de un viaje. De hecho, el camino parece terminar en la tranquera de la casa, donde el ripio deviene césped. Adentro de la casa hay plantas. Hay muchas otras cosas (libros, adornos) pero lo que más llama la atención es la profusión de plantas. Desde todos los puntos de la casa, la vista hacia las montañas transmite esa sensación ligeramente pacífica, cálida y al mismo tiempo un poco esplendorosa de las tardes de sol en las sierras chicas.
La escritora vive aquí desde 2001. A cuatro kilómetros de cualquier asfalto, María Teresa Andruetto parece haber construido el escenario de una tranquilidad apenas interrumpida por el timbre del teléfono, un ámbito de calma que contrasta con su agitada agenda profesional. María Teresa ya presentó dos libros en lo que va del año (el de poemas Sueño Americano y el de ensayos Hacia una literatura sin adjetivos), y le esperan siete más, además del estreno de una obra de teatro. Este año parece concentrar una nueva etapa de ubicación pública de su obra, con un promedio insólito de publicaciones y la consolidación de sus novelas en los sellos de la casa Random House Mondadori Sudamericana.
Ahora mismo María Teresa habla por teléfono para acordar últimos detalles de producción de la obra de teatro Diría nadie la última palabra, una adaptación de la novela La mujer en cuestión que el grupo Balbuceando teatro estrenará el sábado 13. Esa misma novela, publicada por primera vez en 2003 tras ganar el premio del Fondo Nacional de las Artes, acaba de ser reeditada por el sello Debolsillo (Random House). Y esa reedición es la que Andruetto presentará el jueves 11 en el Teatro Real.
En el segundo semestre del año llegará la novela Lengua Madre, finalista del premio Clarín en 2006, una traducción italiana de Veladuras, los libros para niños Campeón y La durmiente, y el libro de conversaciones entre ella, Lilia Lardone y Andrés Ribera Ribak Redson Ribera. ¿Qué conexiones hay entre esa agenda llena de eventos y publicaciones y esta casa pacífica? La respuesta acaso esté en el encantador desorden del escritorio, pero sería imprudente describirlo más allá de la superposición de papeles, fotografías y libros abiertos.
Formas
Con la claridad y el amor pedagógico propios de un discurso docente
cultivado en años de trabajo de escuela, Andruetto explica sus
respuestas con un detallismo insistente, y acompaña sus palabras con
gestos mínimos. Comienza a hablar de su particular 2009, un año enfocado
en el trabajo “hacia afuera”, que le ha obligado a dejar colgada la
escritura de una novela para la que no le queda tiempo. Hoy por hoy sus
días se debaten entre las presentaciones de libros y el “fascinante”
trabajo de adaptar la novela a las tablas. Junto a Florencia Cisnero,
Alejandra Toledo y Ana Yukelson, Andruetto encaró esa adaptación “sin la
obligación de ser fieles a la novela, ni a nada”, por lo que “no podría
decir que se trata de una versión de La mujer en cuestión”.
Más bien es otra cosa, acaso sin nombre definido: “Se tomaron algunos elementos de la novela, pero sólo aquellos que la misma estructura de la obra iba pidiendo. Para mí lo más fascinante fue ver cómo la forma cambia el fondo… En la obra hay dos actrices, por ejemplo, y en la novela hay más de 50 testigos. Eso ya lo cambia todo”.
También parecen cambiarlo todo, en relación a La mujer en cuestión, los años transcurridos entre la primera publicación (2003, por el sello cordobés Alción), y esta reedición. Es evidente que la Argentina no es la misma de 2003, y esos cambios repercuten en la novela a pesar de que los cambios que introdujo la autora entre una y otra edición han sido “mínimos”. En principio, de 2007 a esta parte el discurso literario en torno de la última dictadura ha visitado los hasta hace poco inéditos terrenos de la parodia, por ejemplo, el sarcasmo, e incluso la curiosa pátina de incorrección que resulta de alzar, en la argentina kirchnerista, una voz de derecha (léase Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac, por ejemplo).
–¿Puede ser que haya cambiado la novela? ¿Es posible que los cambios del contexto la hayan modificado?
–Puede ser. Pasan varias cosas. La lectura nunca es igual en distintos momentos. Es probable que sea éste un momento más propicio para la novela. La mujer en cuestión ha sido muy estudiada en distintas universidades, y ha sido vista como un punto de inflexión en la cuestión de la responsabilidad de la sociedad civil en la época de la dictadura militar.
Andruetto está al tanto de que la academia suele ubicar a su novela en la ruptura de un discurso post dictadura que adoptó en la década de 1980 el registro testimonial, en la última parte de la década de 1990 un registro de autocrítica (léase Detrás del vidrio, de Sergio Schmucler) y un discurso –inaugurado por La mujer en cuestión– que amplía la pregunta sobre aquellos años hacia el rol de la “gente común”.
“A la hora de escribir, lo que yo tenía en la cabeza no era la construcción del personaje central, sino las voces, los comentarios, momentos –explica Andruetto–. Todo guardado en la memoria. Mucha gente me ha preguntado cómo fue el proceso de investigación de la novela, y la verdad es que yo no investigué nada. Todo lo que aparece es un registro muy fuerte de cosas que han quedado a lo largo de los años en la memoria. Hay frases que escuché en paradas de colectivos… Esas voces de lo social son las que entraron en la novela”.
–También se ha hablado mucho de la forma en la que hiciste entrar esas voces…
–A mí me gusta explorar distintas formas de escritura y La mujer en cuestión es distinta a todo lo que he escrito. En general trabajo una búsqueda de lo poético, y aquí eso está desplazado.
–Es un registro despojado de esteticismo.
–Exacto. Hay un trabajo de lenguaje que busca la forma de un informe incluso mal escrito.
Lo poco que sabemos
–¿Te planteaste el tema de la dictadura al comenzar a escribir “La mujer en cuestión”?
–La novela nació cuando descubrí que una de las constantes en mi escritura es la precariedad del saber de los seres humanos. Y otra cosa que aparece bastante es la construcción de alguien a partir de las voces de los otros. La idea primera de la novela era hablar de una mujer desde los otros… pero no estaba la idea de hablar de la dictadura. No tuve la voluntad de contar algo sobre la dictadura… no es un tema que esté en el origen de mi producción, pero siempre aparece. Creo que es una aparición genuina… no es que yo quiera hacer una literatura de la dictadura…
–Está liberado a la fatalidad, digamos.
–Exacto. Y aparece porque eso atravesó toda mi vida. Y atraviesa la vida de mi generación. No me siento representativa de nada, ni mis personajes son representativos. Son gente común, porque a mí me interesa ver eso, cómo atraviesa determinada situación a la gente común. Entiendo la escritura como un camino de conocimiento, y en ese camino aparece esto. Me sorprende también que uno, pretendiendo hablar de tal o cual cosa, termine siempre hablando de uno.
–Aparece el tema, pero desde una perspectiva que se aleja del testimonio.
–Es que mi preocupación no es lo testimonial. Mi búsqueda siempre ha sido una búsqueda de lenguaje. A mí me parece que la literatura está ahí, que la literatura, si tiene algo para decir lo dice más en ese trabajo con las palabras que en lo que manifiesta en la superficie, lo dice en esa articulación de forma y sentido
–Y en tu caso, acerca de la dictadura, pareciera que la literatura, si tiene algo para decir, siempre es en clave de explicar el presente. Tomando la época como símbolo y no como objeto de estudio, por ejemplo. ¿Puede ser?
–Es eso, claro. Y cómo eso puede metaforizar otros ámbitos. Yo creo que lo que nos pasó, eso que de algún modo construimos entre todos, que fue la dictadura, está presente hoy no sólo en la realidad social, sino en el lenguaje mismo, de distintas maneras. Y sí, es el hoy lo que me interesa, comprender mi tiempo. Por eso nunca he trabajado algún interés por la novela histórica, por ejemplo. No me interesa un registro del pasado, no me interesa la conmemoración.
–Ni la denuncia, que sería la tentación más próxima…
–Claro. Siempre apareció con mucha fuerza el trabajo con la forma: no es la denuncia, no es el testimonio, no es el registro fiel, sino el punto en el que los discursos sociales refractan en lo literario. La escritura es poner en foco algo, bajar a lo pequeño, que es un personaje y ver que pasa. Y pasa todo. En cada uno de nosotros pasa todo.
Cuando comienza a caer la tarde el sol dibuja en las paredes de la casa de María Teresa un montón de manchas luminosas en las paredes. La casa es silenciosa, y algunas palabras de la escritora parecen retumbar con un eco especial. Cuando uno sale hacia la calle, el paisaje ya no parece el final de nada, sino todo lo contrario. Allí donde el césped comienza a ser ripio, comienza el viaje.
Presentación
La mujer en cuestión, de María Teresa Andruetto, será
presentada el jueves 11 a las 19 en el Teatro Real (San Jerónimo 66). La
novela acaba de ser reeditada por el sello Debolsillo, del grupo Random
House Mondadori.
Estreno
El sábado 13 de junio, a las 21.30, en la sala Azucena Carmona del Teatro Real (San Jerónimo 66), el grupo Balbuceando teatro estrenará la obra Diría nadie la última palabra, dirigida por Julieta Daga. Se trata de una adaptación de la novela de María Teresa Andruetto La mujer en cuestión. Dramaturgia a cargo de María Teresa Andruetto, Florencia Cisnero, Alejandra Toledo y Ana Yukelson. Actúan Florencia Cisnero y Alejandra Toledo. Entrada general $ 20.